Los jóvenes ambiciosos y perezosos, los más pragmáticos, pero también quizás los más infelices.

Hemos crecido en una falsa seguridad.

Hemos tomado decisiones HOY pensando que el futuro sería igual o mejor que el presente. (Claro, nadie querría que fuera peor, ¿para qué iba a pensar en ello?).

Y parece que no hemos aprendido casi nada.

Artículos como este del Huffington Post muestran que aún se califica como pragmáticos a los jóvenes que eligen carrera en función del sueldo o el esfuerzo que requiera:

¿Y eligen la carrera por vocación? Según el estudio de Círculo Formación, el 43% asegura que sí, frente al 36% que lo hace por las salidas profesionales que tiene. Otros son más pragmáticos: el 13% la elige porque se gana mucho dinero, el 4% porque está cerca de casa y el 3% porque no requiere muchas horas de trabajo.

Es decir, según quien escribe, son más pragmáticos los más ambiciosos o perezosos. 

Estos jóvenes están tomando decisiones pensando que la carrera que elijan hoy en base a esos criterios, especialmente los que eligen en función del sueldo actual, gozará de los mismos privilegios mañana.

Pero bajo el panorama laboral actual los verdaderos pragmáticos son los que eligen por vocación.

Como explican en este artículo en Los Angeles Times, al parecer la gente es más feliz cuando gasta su dinero en otras personas o comparte experiencias con éstas en lugar de sólo comprarse cosas para el disfrute individual.

En pocas palabras, la felicidad que nos da el dinero ya no se trata de “cosas para mi”, sino de “momentos para nosotros”.

Si a esto sumamos que en el futuro no habrá trabajo para todos y que más nos vale a todos inventarnos el propio, es más probable que los que eligen por vocación tendrán la motivación suficiente para hacerlo independientemente del incentivo económico o la garantía de poco esfuerzo.

¡Estos jóvenes se desvivirán por los demás! Que es la forma en como se configurará el trabajo en el futuro. Al hacerlo crearán comunidad, por lo que no sólo cobrarán por solucionar problemas, sino tendrán con quiénes compartir su desempeño.

Pero si eres de los que ya eligió y no tienes trabajo o los miles que ganan no te dan la felicidad, comienza YA:

 

Pasos para desvivirse por los demás

Paso 1: Busca qué te interesa, qué quieres cambiar, qué te molesta, qué te mueve, qué quieres evitarle a las generaciones futuras, qué quieres solucionar en el mundo, qué quieres darle a los demás.

Paso 2: Busca a las personas que ya están haciendo algo en ello y escríbeles a TODAS. Diles quién eres, qué sabes hacer y sobre todo qué quieres hacer. Pregúntales qué puedes hacer por ellos y por la causa y cómo puedes ayudar.

Paso 3: Muévete en encontrar soluciones. ¡Sé un solucionador! ¡Haz feliz a la gente!

 

¿Esto te garantizará el trabajo de tus sueños? No lo sé al 100%.

Sé que tomar decisiones hoy pensando que mañana todo seguirá igual es garantía de fracaso.

Y no es fracaso no tener dinero. Fracaso es perder tiempo de vida siendo infeliz.

Así que elige para ser feliz, porque sólo siendo haciendo algo que te haga feliz podrás hacer felices a los demás, y créeme que si lo consigues te pagarán por ello.

De los congresos a las desconferencias: reiventando los encuentros científicos

neurodesconferenciando

Durante el doctorado, uno de los aspectos que menos me gustaba de la carrera científica era la asistencia a congresos.

Sí, lo sé, es genial visitar otras ciudades con todos los gastos pagados. Pero sentarse a escuchar numerosas charlas de las que entiendes la mitad, la mayoría dadas en un formato académico, en mi opinión está lejos de ser la forma en la que los científicos deben aprender sobre el trabajo de sus colegas.

¡Los científicos también somos personas! ¿Quién dijo que no aprendemos divirtiéndonos?

Por eso no me lo pensé dos veces cuando vi la oportunidad de participar en la Neuro-Desconferencia organizada por Mara Dierssen del Centro de Regulación Genómica.

Significaba una oportunidad de apoyar, participando, otra forma de dar y asistir a conferencias, un ambiente relajado en el que científicos y no-científicos íbamos a poder hablar del tú al tú, no como expertos a aprendices, sino como personas comúnes y corrientes que comparten inquietudes sobre el funcionamiento del cerebro humano.

Era la oportunidad, no sólo de dar a conocer mi trabajo a otros científicos implicados en actividades divulgativas, sino también a otras personas con distintas profesiones interesadas por la ciencia y curiosas por comprender el mundo del cerebro que habita en ellos.

La experiencia ha sido genial en todos los sentidos. Y no hablo de mi experiencia presentando, sino de todas las presentaciones, los temas, las personas que las dieron, el formato que usaron y las dinámicas que se formaron.

Para empezar, hubo cuatro charlas que duraron el tiempo justo para mantener la atención del público y aprender del tema. Los científicos que las dieron estaban relajados, hacían bromas y conectaron con las inquietudes básicas de los espectadores:

“¿Qué sucede en el cerebro de mi abuela con Alzheimer?”

“Soy adulto, ¿aún puedo aprender cosas?”

“¿Pueden las máquinas ayudarme a potenciar mis habilidades cognitivas?”

“No quiero perder mi memoria, ¿qué puedo hacer?”

Tras las charlas hubo una sesión de debate en la que los asistentes se agruparon según un tema concreto que les interesara, como la relación entre la memoria y la educación, la plasticidad, las enfermedades neurodegenerativas y la robótica.

Fue en este momento que profesores, filósofos, científicos, empresarios, funcionarios, jóvenes y adultos, comenzamos a hablar de nuestras inquietudes en torno al tema elegido, de nuestras dudas, y de sobre cómo el conocimiento científico podía responder a estas preguntas para, por ejemplo, crear mejores planes de estudio que nutrieran las capacidades de los niños.

Los científicos ayudamos aportando no sólo respuestas, sino también nuestras propias preguntas, y nos nutrimos de las interrogantes y puntos de vista de los demás. Fue realmente enriquecedor.

Para cerrar con broche de oro, el speaker’s corner, que fue en lo que yo participé, me dejó literalmente boquiabierta. Consistía en dar una charla rápida, concreta, de 5 minutos máximo, en la que se expusiera una pregunta a la comunidad científica, o una propuesta para responder a una pregunta de interés general.

Lo que me impactó del speaker’s corner fue cómo uno puede nutrirse de la forma en la que otras personas ven el mundo y trabajan en él, las asociaciones de ideas que se crean en sus mentes y cómo puede eso repercutir en la visión del científico.

En general, lo que más me gustó de la neurodesconferencia fue que dejé de ser “experta” para ser aprendiz.

Los no-científicos suelen ver a los científicos como expertos en, por ejemplo, neurociencia. Cuando digo que trabajo en neurociencia la gente cree que lo sé todo sobre el cerebro, pero la verdad es que quizás sé menos que ellos, que se empapan de divulgación científica en torno a temas diversos, mientras que yo me pasé cuatro años haciendo un doctorado alrededor de una tema hiper-específico, muchas veces no teniendo tiempo para estudiar otro tema.

Mientras yo sé mucho sobre poco del cerebro, ellos pueden saber un poco de todo.

Por eso creo que eventos como la neurodesconferencia, organizada por científicos, son tan importantes para todos, científicos y no-científicos.

Nos dan la oportunidad de aprender del trabajo de otros, también interesados en el conocimiento científico, de una manera más productiva, y de acercarnos a sus puntos de vista.

Nos unen como personas curiosas que estamos aprendiendo.

Nos unen como ciudadanos interesados en que se haga investigación, reconociendo su importancia para toda la humanidad.

Nos unen como seres humanos que buscan respuestas para su propio futuro y el de los suyos.

 Respuestas que podemos encontrar en la ciencia.

Imprescindibles del emprendimiento

Me encanta Internet. Océanos de información al alcance de nuestras manos, en nuestra casa, desde un ordenador. Ya no hace falta patearse oficinas, calles y filas para adquirir la información que necesitas sobre tu nicho de mercado, técnicas para emprender, cómo superar las vicisitudes técnicas y emocionales que implica y cuáles serán tus responsabilidades fiscales. TODO está en el bendito Internet.

Pero al mismo tiempo que este fácil y rápido acceso a la información puede resultar orgásmico, también puede tornarse agobiante.

Simplemente es DEMASIADA INFORMACIÓN. (Como que nunca estamos contentos, ¿verdad?)

¿Cómo la proceso? ¿Cómo la organizo? ¿Por dónde empiezo? ¿Qué leo primero?

Estoy segura de que sabes de qué hablo.

Tal vez tú, como yo, tienes bookmarks y PDFs pendientes de leer. Páginas que visitar. Artículos que consultar. Reportes, informes y libros cuya longitud supera tu span de atención o tu tiempo disponible.

Y si además de todo lo que lees o intentas leer tienes ideas propias en la cabeza, cosas que quieres hacer, escribir, crear, grabar, etc., bueno, ya dirás tú cuándo tendrás tiempo para hacer todo lo que quieres hacer.

Por eso… POR ESO… es IM-POR-TAN-TI-SI-MO: Sigue leyendo

¿Qué es lo primero que necesitas para emprender?

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En lugar de relatar los días 3 y 4 de mi periplo emprendedor, en esta ocasión he decidido hacer un vblog :)

Aquí te cuento cómo llegué a lo que casi todos los emprendedores dicen que es el primer ingrediente para emprender: Sigue leyendo

Diario emprendedor día 2: ¿Por qué mola equivocarse?

Mi camino, mis pasos

Apenas es el segundo día de mi periplo empresarial y ya la he cagado, pero también ya aprendí algo.

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